Panico en las Calles.

vi. al ladrón correr por las calles blandiendo una enorme navaja y sembrado el terror entre los transeúntes la policía iba tras el, varias veces estuvo a punto de darle alcance.
Su cuerpo elástico se lanzaba aun mas contra la corriente de aire, a pasos ligeros se perdía de la vista de los policías. Sus lacios cabellos mojados por el sudor, se le pegaban a los parpados.
Buscaba una luz de auxilio, una brecha de escape. Desesperado trataba de escabullirse de la vieja pocilga, que mantenía viva y visible en la mente.
¡Qué horror! dijo una vieja, el verlo correr por las calles.
El pánico levantaba a la gente como si fuese olas, dejando una estela sorprendida.
Una secuela de frustración y dolor, sombreaba el rostro marchito, no hablaba.
Solo había en sus labios agrietados, un murmullo de cansancio agrio y molestoso a sus oídos.
En la distancia se veían las sombras de los policías, como esperando por su llegada.
Una patética situación se marcaba en su rostro, sintió bajo sus pies el calor de la arena.
Deteniéndose pego la frente a la tierra, pensativo no veía un árbol, ni una persona ni siquiera el brillo del sol.
¿No ves que el mundo es pequeño, maldito ladrón? Le dijo un policía cuando lo apuntaba a la cabeza ¡levántate!
Un roció de arena, basto para librarse del embarazoso momento.

Luego de varias horas escondidas, camino por las calles semioscuras de la ciudad.
Obligado por la necesidad se introdujo en un bar. confundido entre putas, músicas y tragos. Le parecía haber escapado de la malévola persecución, pero aun, quizás por el instinto sobrenatural, permanecía atento al más mínimo movimiento o ruido.
Besos comprados abrumaban sus débiles labios, sus manos por un promontorio montañoso, las altas temperaturas montañosas, las altas temperaturas conmovieron su cuerpo huesudo.
Los problemas fueron olvidados por los momentos, un acoplamiento amoroso llenaba sus sentimientos vacíos.
De pronto, una luz roja incandescente alumbro sus pómulos húmedos de saliva.

¿Cómo se atreve a detenerme, justo ahora? Pregunto el ladrón no soy policía, replico el mesonero, bastante nervioso.
No debo fiarme de nadie murmuro moviendo la cabeza hacia los labios.
Salio del sitio oliéndose los dedos de la mano derecha de esto también se vive, de ilusión musito mientras veía la calle llena de sombra.